Sandra Ibánez Díez

Sería una osadía que alguien que acaba de llegar a la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Aguilar de Campoo hablase de una propuesta cultural como el “Aguilar Film Festival” desde dentro, cuando el recorrido de este proyecto le supera incluso en edad.

Aguilar es un referente de nuestra región a nivel cultural porque ha sido capaz de ofrecer al público una oferta consolidada y de calidad a lo largo de los últimos años, pero no solo eso, ha conseguido hacerlo en una zona rural, y eso, en los tiempos que corren, tiene un valor añadido inestimable.

Si construyésemos una nueva definición de cultura, la libertad formaría parte de una de las acepciones ineludiblemente, y es que la cultura no es si no una de las mejores y mayores expresiones de libertad que posee cualquier ser humano. Y a esa definición se ajusta sin matices el proyecto que este año cumple 31 años, un proyecto que trasciende más allá del período en el que se programa, y que resulta efímero al mismo tiempo.

Un festival que ha sabido conservar su esencia y crecer al mismo ritmo que los tiempos, introduciendo novedades año tras año para seguir ofreciendo a un público fiel una programación a la altura de sus expectativas.

Es una iniciativa valiente que, centrándose en la cultura, escoge el cine, y centrándose en el cine, escoge el formato de duración más corta, ese formato que tiene la capacidad de condensar en pocos minutos el mismo torrente de emociones que cualquier largometraje.

Una propuesta que no se conforma solo con llenar salas de espectadores, si no que trata de educar y acercar al público más joven las nuevas tendencias cinematográficas, de diseño, de proyección…diseñando una oferta paralela para los centros educativos del municipio y creando cantera.

Un proyecto que sin descuidar lo local, cada año rompe más barreras para abrirse camino no solo a nivel nacional, posicionándose como uno de los festivales más importantes de nuestro país, sino también a nivel internacional.

Escuchamos con cierta asiduidad hablar de la despoblación, creo que es complicado hablar de este fenómeno sin caer en tópicos o incoherencias, pero de lo que no tengo ninguna duda es de que esta propuesta cultural si es una forma de luchar contra la despoblación, porque no hace otra cosa que dar motivos a la gente para quedarse.

No puedo dejar de hacer referencia a la responsabilidad social que este festival lleva consigo y es que no solo busca la integración y la inclusión en cada una de sus acciones, sino que además es sensible al impacto medioambiental que genera introduciendo nuevos materiales de impresión y dando más protagonismo a formatos digitales.

Bienvenidos, un año más.